Hay dolores que no mueren nunca y muertes que generan vida y ese será el caso de Néstor. La evaluación de la situación política en medio del dolor parece irrespetuosa, pero estamos seguros de que Kirchner dividirá aguas en la historia argentina. Sus logros en materia social, económica, política y de derechos humanos le dan una estatura singular. Por eso significó un punto de inflexión como para torcer el destino. Enfrentó a los poderes económicos que pactaron con las dictaduras y logró cambiar la conciencia de una argentina derrotada. Néstor era un rebelde; Kirchner nos levantó la autoestima.
Su preocupación por la equidad, el desarrollo y el reconocimiento de la política como camino para lograrlos, trascendió la frontera del país, al punto que uno de sus últimos desafíos fue ponerse al frente de la Unasur.
Acaba de irse un “muchacho peronista” que muere en las suyas, con la cabeza alta, con una vida digna y en medio de la lucha política. El dolor de un pueblo es el evidente reconocimiento por todo ello. Por la fuerza de sus convicciones, por su coherencia entre palabra pensamiento y obra se merece lo mejor. ¡Hasta siempre Néstor! ¡Fuerza Señora Presidenta!






