El viaje forma parte de nosotros, de nuestro inconsciente colectivo, de nuestra cultura y de nuestra percepción del mundo. El turista busca lo nuevo y lo desconocido, de esta manera se encuentra a sí mismo y afirma su identidad: el viaje como metáfora del conocimiento es un sentimiento propio del ser humano.
El turismo no tradicional ha crecido fuertemente a nivel global y ha promovido la consolidación de nuevos productos, destinos y formas de organización, comercialización y gestión. Este perfil turístico, mediante diferentes tipos de búsquedas y junto con la simplificación de los desplazamientos, incrementa la tendencia creciente de la actividad.
Pensemos que la idea del viaje está en los orígenes culturales y antropológicos del mundo. Con su significado misterioso e iniciático, el viaje ha sido representado en la literatura como un camino hacia lo profundo de la propia identidad, pasando desde nuestro Martín Fierro de José Hernández, El Quijote de Cervantes, hasta las aventuras de Julio Verne.
De ahí la fuerza y la expansión del fenómeno turístico y su potencial, independientemente de las fases del ciclo y de las etapas de recesión o alza de la actividad; puesto que en realidad el viaje (y su componente de aventura, que no es sino el aproximarnos a lo desconocido) es en definitiva una necesidad de nuestro yo interior, que necesita de este tipo de experiencias para su equilibrio y armonía.






